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Pimienta y Cereza: Dulce Ardor

Patty Kirsche


Sinópsis

Ser una agente secreta no es nada fácil. Blutig Pfeffer lucha contra el mal, pero gana muchos enemigos. Entre enfrentar malhechores y evitar las trampas de quien la quiere muerta a cualquier precio, ella todavía encuentra tiempo para enamorarse.
En un mundo donde existe la magia, humanos y seres sobrenaturales conviven protegidos por acuerdos que no siempre son respetados. Este es el mundo de la serie “Pimienta y Cereza”.
Despertar de un coma y darse cuenta que su memoria esta alterada.
¿Angustiante? Es lo que sucede con la agente secreta Blutig Pfeffer en “Dulce Ardor”, primer volumen de la serie “Pimienta y Cereza”. Blutig Pfeffer no demora mucho en comprender que no se acuerda de muchas cosas además de ser una agente secreta. Contando sólo con su perspicacia e inteligencia, ella necesita volver a su pasado; sin llamar la atención, de su impulsivo jefe; el atractivo Ricardo Boero. Siendo perseguida por el líder del crimen Dirty Cinnamon mientras investiga una cruel red de prostitución; ella es asediada por el misterioso vampiro Hades, que afirma saber la verdad. Sus amigas y colegas de trabajo Criazul y Nite Owl la acompañan en esta aventura. Y ahora, ¿En quién puede confiar Pfeffer?


Traducción por Mel Correia



Prólogo

Ser una agente secreta no es nada fácil.
En este momento, Blutig Pfeffer esta con sus manos esposadas en frente de su cuerpo, siendo prácticamente arrastrada por dos grandes gorilas vestidos de negro, hacia el interior de un bar secreto dentro del centro comercial Lorena.
Cada uno de ellos tiene una de sus manos agarradas a sus brazos, y ella aún no encuentra la tan esperada brecha para escapar.
El bar queda escondido en la pequeña construcción que pertenece a una panadería que cierra durante la madrugada.
Pfeffer se retorcía entre los estantes de pan, e incluso
consiguió derrumbar algunos paquetes, pero los matones  lograron mantenerla atrapada, por lo que se vio obligada a cruzar el patio.
Había una puerta de madera que hacía que el bar pareciera una residencia inocente. Pfeffer intentó mantenerse inmóvil pero fue inútil.
Algunas mesas con sillas, también de madera, estaban ocupadas por hombres  que lucían de cincuenta años acompañados por adolescentes usando minifaldas. Algunos borrachos notaron a la joven esposada y obligada a entrar, pero ninguno de ellos se tomó el trabajo de intentar ayudarla.
Pfeffer pudo ver a una morena de unos veinte años como máximo arrodillada debajo de una de las mesas. Un hombre de barba con la corbata suelta sostenía su cabeza sobre su ingle, y por los movimientos era posible adivinar lo que la muchacha  hacía.
Pfeffer viró su rostro enojada, Los matones comenzaron a reír.
“Ella es inocente…” dijo el mas alto.
“Pronto, pronto estará  buenita como las otras” dijo el mas bajo, “nada que tres dosis de heroína no puedan resolver”.

En el fondo del lugar, cerca de la escalera, había un mostrador. Las personas estaban sentadas con bebidas de diferentes colores mientras que un barman trabajaba ávidamente.
Entre esas personas, había un joven angustiado. Él ya iba por la cuarta dosis de aguardiente cseresznye ¹ (aquel era uno de los pocos bares de Sao Paulo que servía la bebida).
“¡Egéségedre!”² dijo el joven a un impaciente barman, segundos antes de tragar la dosis de una sola vez.
Él sintió el efecto del alcohol, pero su entumecimiento fue golpeado por su agudo sentido del olfato. Había un olor diferente en el aire. Un olor que él no sentía hace años.
Aroma de esperanza.
Aroma de frutas. Un olor que el reconocería en cualquier lugar.
Sorprendido, él volteó la cabeza, y miró a Pfeffer como rehén de unos delincuentes.

1. Bebida húngara hecha de cerezas.
2. Exclamación dicha en Hungría cuando se brinda.

Blutig Pfeffer es peliroja, joven y Hermosa. Sin embargo, ninguno de los matones de Hónorio Botelho tuvo piedad de ella. Uno de ellos, el mas alto, acabó de recibir un mensaje de texto del secretario avisando que Botelho desea ver a Pfeffer, una vez terminada su conversación con los representantes del PCC, lo que debe suceder en aproximadamente quince minutos.
Bothelo quiere ampliar su sistema de tráfico de armas para Sao Paulo, ya que en Rio esta completamente establecido.
Para eso, él necesita dar dos pasos: convencer a los líderes del PCC de que su sistema es eficiente y matar a Blutig Pfeffer.

El primer paso es bastante sencillo, pues Botelho tiene el don de la persuasión. El segundo le ha resultado prácticamente imposible, ya que,  intento tras intento de ejecución, Pfeffer se ha escapado.
Botelho no sabe si sus empleados son incompetentes o si esa muchacha de veinte y pocos años es realmente todo lo que dicen. Por eso la orden dada era de que la joven debía ser traída viva, ya que el quería ver a la leyenda con sus propios ojos.
Pfeffer  no sabe que quién la espera es Botelho. Ella tampoco sabe que el joven sentado en la mesa del bar, la observa discretamente, desde que ella puso los pies dentro del lugar.
Una vez que el puso sus ojos en ella, la  pálinka fue olvidada en el mostrador. Los largos cabellos ondulados, de un tono rojo dorado como la lava, piel blanca, ligeramente bronceada, los ojos verdes oscuro como hojas de eucalipto, pecas que adornan su rostro sobre los ojos, sus senos pequeños sobre la blusa verde, la chaqueta de cuero negro, jeans obscuros que marcan sus largos muslos, las botas de tacón bajo negras.
Es ella, él pensó.


Pero, ¿por qué las esposas? Y ¿estos sujetos que la agarran por los brazos? Hay que mantener la calma. Él no hecharía todo a perder actuando impulsivamente. Él no podría.
Cuando los matones subieron las escaleras que conducen a la sala de Botelho, el joven los siguió, y permaneció escuchando  la conversación.
“¿Asi que esta es la legendaria Blutig Pfeffer? Dijo Botelho.
Pfeffer no respondió.
“Yo soy Honorio Botelho. Pero esto ya lo debes saber. Le faltan buenos modales, le sobra capacidad”
Pfeffer dio una risa sarcástica, pero no habló nada. Los dos  matones aún la mantenían agarrada.
“Sabes, tu eres una belleza. En un mundo perfecto, yo no descansaría hasta que no te llevase a la cama” dijo Botelho.
“En un mundo perfecto yo jamás iría a la cama con un imbécil” dijo Pfeffer.

Botelho la golpeó en el rostro con toda su fuerza, Pfeffer se contuvo para no gritar, aunque el dolor era muy fuerte. Sintiendo el sabor de la sangre, ella consiguió reír una vez más.
“infelizmente. La paciencia no es mi fuerte” Botelho suspiró. ”Sería una pena lastimar esta cara tan bonita, pero necesito informaciones, y no dudaré en utilizar cualquier medio para conseguirlas”
Botelho se paró frente a Pfeffer. Sus grandes ojos negros se destacaban en su rostro blanco, eran dos pozos indescifrables, dos enormes pupilas rodeadas por un estrecho iris.
Era como si ellos podían tragar a Pfeffer. Aún así, ella no conseguía evitar una sonrisa traviesa, que lo irritaba de sobremanera. “¿Quién es tu jefe?”
Pfeffer rió. “¿Quién es el tuyo?”
Botelho  la cacheteó de nuevo, y habló fríamente. “Respuesta equivocada.”

Los cabellos de Pfeffer cubrían su rostro. La sangre que escurría del labio formaba una línea roja hasta su cuello. Botelho movió algunos cabellos para mirar mejor su rostro,  lo acarició y preguntó tiernamente “¿Dónde queda la sede de la organización?”
Pfeffer aprovechó la cercanía para darle una patada. Botelho cayó sobre la mesa del escritorio dispersando los papeles por el suelo. Las patas de la mesa se quebraron con el impacto, y Botelho yacía sobre astillas de madera, pedazos de vidrio, lápices y otros materiales de escritorio.
El teléfono, de aquel modelo beige que es muy común en las oficinas públicas, quedó en una de las astillas más altas con el cable estirado y descolgado que giraba como un trompo.
“Quite esas manos asquerosas de mi.” Pfeffer dijo entre dientes.
Algunos de los pedazos de vidrios que cubrían la mesa cortaron los brazos de Botelho. Las mangas de la camisa clara Armani que usaba quedaron salpicadas por pequeñas manchas rojas, y sus cabellos castaños estaban despeinados.
Los matones intentaron soltar a Pfeffer para ayudarlo, pero Botelho levantó la mano señalando que paren.
“¿Ahora ustedes ven como ella es peligrosa?” Llévense esa perra de aquí. No me importa lo que hagan con ella, solo asegúrense de que ella quede realmente muerta  y quemen su cuerpo.” dijo Botelho.
Los matones arrastraron a Pfeffer en dirección de la puerta, pero ella consiguió voltear su rostro y dijo sus últimas palabras. “Después de matar a estos dos tontos, regresaré por ti”
El joven escuchaba la conversación. Él quería torturar a Botelho hasta la muerte por haber golpeado a la bella joven, pero necesitaba permanecer concentrado.
Los dos matones seguramente planeaban abusar de ella antes de matarla.
Aún sabiendo que ella era perfectamente capaz de librarse de los dos, su instinto protector jamás permitiría dejarla sola con los bandidos.
Especialmente ahora que finalmente la había encontrado.
El joven entró en una sala vacía mientras los matones pasaron por el corredor, siguiéndolos al instante. Sin perderlos de vista, continuó acompañando al grupo hasta que ellos llegaron al salón del bar.
Fue cuando todo sucedió.
Pfeffer  utilizó el agarre de los matones como apoyo para suspenderse y al mismo tiempo, patear las espinillas de ambos. El golpe no fue suficiente para derrumbarlos, pero fue suficiente para aflojar la presión de sus brazos, lo que le permite estrangular a uno de ellos, al más bajo, con la cadena de las propias esposas.
El golpe fue tan rápido y preciso que el otro atracador, a pesar de ser 35 centímetros mas alto que Pfeffer, quedó atónito y aterrado. Por poco tiempo, porque ella lo derrumbó con apenas dos golpes en la cabeza, a juzgar por la sangre que salía de su frente, no continuaría vivo por mucho tiempo.
En seguida, tomó un clip del bolsillo de su pantalón. Lo estiró dejando un pequeño pliegue en la punta, lo introdujo en la cerradura de las esposas. Ignorando la conmoción  de las personas dentro del bar, después de abrir las esposas, Pfeffer se inclinó para agarrar el arma del guardia de  seguridad. Ella salió corriendo por la puerta, siendo perseguida por un grupo de guardias de Botelho.
Mientras Pfeffer buscaba un auto para huir, el joven detuvo su Vectra GT-X azul con la puerta del pasajero abierta para ella. “¿Quieres un aventón? “
Pfeffer subió al auto, entendiendo en medio de la confusión por lo que tocaban en la radio, la música Escape the Nest de la banda Editors. El joven aceleró y tomó la dirección hacia Reboucas. Al instante apareció una Cherokee negra repleta de matones de Botelho, en el lado contrario, el joven tuvo que girar bruscamente en Bela Cintra.  Impresionante como el sabe conducir, pensó Pfeffer,
“¿Tienes la seguridad de que me quiere dar un aventón?” Preguntó Pfeffer.
“Absolutamente” respondió el joven mientras los primeros tiros eran disparados. Eran las dos de la mañana de un lunes de octubre.
La Paulista estaba prácticamente vacía.
Pfeffer agarró un pequeño espejo de su bolso, y lo colocó afuera del auto. Consiguió distinguir un elemento con un fusil 762 en la mano. Cautelosamente, colocó la 9 milímetros que robó hace algunos momentos y miró al malhechor. Un disparo fue suficiente para que él cayera rodando por el asfalto con el fusil en la mano en frente al cine Bellas Artes. Esta claro que la camioneta no paró hasta entonces, Pfeffer apoyó su cabeza en el costado del asiento con una sonrisa de suficiencia en el rostro.
“¿Puedo preguntar tu nombre?” preguntó el joven mientras ellos pasaban frente a las tiendas de la Consolacao.
“Solo si quieres un nombre falso” respondió Pfeffer.
“¿Y cuál sería tu nombre falso?”
“Pfeffer,” dijo ella con un suspiro, “pero es mejor que no le digas a nadie que me diste un aventón O no te creerán, o tendrás problemas con las autoridades.”
El auto llegó al centro tan rápido  que los bandidos quedaron muy atrás. Ninguna señal en rojo fue un obstáculo. Cuando ellos llegaron a la avenida Tiradentes, el auto estaba a 140km/h, el joven hábilmente zigzagueaba por los pocos carros de la madrugada. La camioneta había desaparecido, y la fuga había sido todo un éxito.
Sin embargo el joven continuaba volando por el margen  del río Tietê en sentido a la vía Ayrton Senna  sin preocuparse de los radares.
“Conduces muy bien,” Pfeffer habló.
“Tengo buenos reflejos…” él respondió modestamente.
“Pienso que ellos ya nos perdieron de vista. Puedes parar el auto un momento?”
“¿Por qué?”
“Me estoy sintiendo mal…”
El joven encostó el auto; ellos estaban en el inicio de la  Ayrton Senna. Pfeffer fue hacia la vereda, y vomitó. El joven se acercó a ella, poniendo sus largos cabellos hacia atrás.
Él no podía creer que la estaba tocando. Sus cabellos eran suaves y olían a frutas. El joven quería acercar su nariz a ellos. Pero de pronto ella se recompuso.
“Gracias…” ella susurró, “¿Tienes agua?”
Él buscó una botella PET dentro del auto. Pfeffer tomó un pequeño vidrio oscuro de su bolso y tomó una pastilla.
“¿Dónde vives?” preguntó Pfeffer mientras bebía el agua.
“No tengo un lugar fijo.”
“Interesante. ¿Qué haces en Sao Paulo?”
“Buscando a alguien.”
“¿Encontraste?”
“Encontré.”
Pfeffer suspiró y miró al piso. El lugar donde estaban parados era obscuro, pero ella conseguía distinguir los cabellos de color caramelo del muchacho.
“Entonces…Pienso que es un adiós,” Pfeffer extendió la mano.
El joven apretó la mano de ella, maravillado por el toque.”Yo no voy a dejarte aquí en medio de la nada…”
“No te preocupes, me las se arreglar.”
“No… Te dejo en casa.”
“Yo no tengo casa.”
“Entonces te dejo en un mejor lugar, mas iluminado; un punto para taxis tal vez, ¿qué te parece?”
“Todo bien. Si te parece…”
“Me parece”, dijo el joven, abriendo la puerta del auto para que Pfeffer pueda entrar de regreso a la  Ayrton Senna, pero esta vez el no corrió. Él quería prolongar el tiempo con ella al máximo.
Ella nunca preguntó su nombre.
Cuando se detuvo  en la terminal de autobuses Tietê, ella acercó su rostro al de él hundiendo la mano en sus cabellos de color bronce, tirando suavemente. Él sonrió y le acarició la mejilla derecha exactamente donde estaban las pecas.
Pare él, era como decir adiós para una parte de su propia alma.  Mientras la contemplaba, pensaba en que dejar ir una parte de él, era simplemente imposible.
Ella pensó en besarlo, pero recordó que había vomitado momentos antes. Sería asqueroso. De todas maneras ella  ni siquiera lo conocía. ¿Por qué esa inexplicable atracción?,¿ ese sentimiento de intimidad tan fuerte?
Lo mejor que podía hacer era descender del vehículo.
Lo que ella no sabía era que él la seguiría por el resto de la madrugada.


Despertar


Abrí los ojos como si me despertara de una noche sin sueños. Los párpados pesados, insistían en cerrarse, como si fueran heridos por la luz blanca que llenaba el cuarto.
Intenté abrir los ojos nuevamente, inconforme. Escuché a alguien hablar.
“Pfeffer?” decía. “¿Estas despertando?”.
Era Nite Owl,  mi compañera de trabajo y amiga personal. Owl es una agente muy competente y talentosa. Me había ayudado en varias misiones complicadas; nunca podría dudar de su coraje, o de su lealtad. Estaba siempre dispuesta a ayudar, y nunca parecía cansada.
Abrí los ojos una vez más, aún incapaz de levantarme.
También era difícil mover el cuello, pero incliné la cabeza en dirección a la voz, reconocí el cabello color chocolate y los lentes con marco morado.
 “Owl, ¿dónde está Botelho?” susurré con dificultad.
Honório Botelho era un policía federal corrupto. Un rey del crimen de apenas 30 años, la inteligencia al servicio del mal. Yo necesitaba ejecutarlo, ya que él había descubierto mi identidad. Y no descansaría hasta que yo no estuviera muerta.
En realidad, yo ya era un obstáculo en su sistema de tráfico de armas desde hace meses, siendo la principal, pero la única razón por la cual  no funcionaba en São Paulo.
“Está muerto, Pfeffer. Hace tres meses. Tuviste un gran éxito en tu misión, Pero uno de sus secuaces fingió estar muerto y te disparó por la espalda…Yo le disparé enseguida, pero fue tarde.”
“¿Hace tres meses? ¿Qué día es hoy?” pregunté.
“22 de enero” respondió.
“¿Pasé tres meses en coma? Era octubre cuando armamos la emboscada…”
“Si. Tuvimos suerte de no perderte en aquella noche. Med trabajó como loca para salvarte. Cuando tu situación finalmente se estabilizó, estabas en coma, Nadie tenía la seguridad de cuando, ni si recordarías. Pero te mantendríamos aquí por años si fuera necesario…Sabes como le gustas a Ricardo, él no se importaría de gastar cualquier fortuna para mantenerte con vida, aunque las esperanzas fueran pocas. “
“Hasta que finalmente desperté…”
“¡Si! ¿Cómo te sientes?  Me alegro de estar aquí en este momento. Todos estábamos haciendo turnos de guardia, nadie quería arriesgar en terminar su servicio y dejarte aquí indefensa…”  explicó, con una expresión preocupada.
“Tengo hambre.”
Nite Owl dió una carcajada.
“Claro que tienes, ¿Cuándo es que no sientes hambre? Voy a pedir algo para ti. ¿Alguna preferencia?
 “Fresas con leche condesada. Mucha leche condensada. Y necesito un espejo…”
Ella trajo un pequeño espejo y me ayudo a cambiar de posición.
Parecía que todo estaba bien. Mis cabellos estaban resecos después de todo aquel tiempo sin cuidados. Pero nada que una visita a la peluquería no pudiera resolver.
“Voy a buscar tu comida y llamar a Med…”  me dijo y se deslizó por la puerta.
Yo continué mirando mi reflejo en el espejo, intentando establecer conexiones. Parecía que estaba todo como antes, pero, ¿lo estaría? Yo había pasado 102 días en coma, después de un error imperdonable en el servicio, ¿Qué es lo que Ricardo, líder de los Eremitas Urbanos, pensaría de eso? ¿Él aún me quería como agente?
Nite Owl entró con una bandeja en mano y se acercó a la cama.
Al darse cuenta de que luchaba para levantarme, ella empujó mi cuerpo y acomodó la almohada, para que pudiera sentarme. Aún tonta después de tanto tiempo inconsciente, sentí  que mi rostro se encendía al sentir el olor ácido de las fresas. Owl se dio cuenta y me entregó el cuenco y la cuchara de postre.
Era un plato blanco, del tipo que se usa para comer cereales en la mañana. Estaba lleno de fresas grandes y rojas rociadas de una crema amarilla. Owl se sentó en la cama e hizo una cara de disgusto cuando comencé a comer.
“¿Cómo puedes comer algo tan dulce en ayuno?“ Ella preguntó.
“Ella esta justamente necesitando de una dosis concentrada de glucosa.”
Fue Med quien habló cuando entraba. Med es el jefe del departamento médico de la organización. Ella es responsable de mantener vivos a los agentes y en condiciones para luchar. Ella tiene su cabello corto teñido de castaño, pequeños ojos cafés, una boca pequeña fruncida y estridente voz. Tiene una estatura baja, cerca de 1,50m, y cuenta con una  cierta acumulación de gordura en la cintura.
Tengo un cierto respeto por ella, está cerca de los cincuenta años y tiene un hijo adolescente, y hasta donde sé, nunca se casó. Ella nunca comentó sobre el padre del chico, imagino que criar un niño sola debe ser complicado.
“Entonces la legendaria Blutig Pfeffer despertó del coma. ¡Ricardo va estar encantado de saber esto!” habló Med, sin intentar disfrazar la ironía en su voz.
Fingí que no entendí, dejando una nota mental para investigar aquella hostilidad mas tarde. Esos comentarios malintencionados siempre aparecen cuando nos encontramos. Definitivamente no confío en ella.
“Deja eso Med…Cometí un error terrible, y les di trabajo que hacer”.
Mientras hablaba, sentí una gota de leche condensada que goteaba por mi labio inferior, Cuando voy a limpiarme, Med me pasa un pañuelo y sonrie.
Había algo en aquella sonrisa que no me gustó, ratificando la nota mental anterior.
“¡Deja eso, Pfeffer! ¡Nadie quiere perderte!” disparó Owl.
“Cierto, cierto” Yo ya estaba entrando en el modo servicio, no quería perder tiempo con discusiones inútiles. “¿En qué condiciones estoy, Med?”
“Llevaste un tiro en la espalda, te caíste y te golpeaste la cabeza. Perdiste un poco de sangre, pero Criazul y Owl te trajeron a tiempo. Pasaste 102 días en coma. ¿Cómo te sientes?”
“Todo bien, pero quiero levantarme, salir de aquí, regresar a mi vida…” respondí impaciente.
“Ya vas a levantarte. Vas a tener alguna dificultad para moverte por algún tiempo, pero después todo regresará a la normalidad.” Dijo Med.
“¿Por cuánto tiempo?”
“Algunos días, máximo una semana. Solo necesitas alimentarte correctamente. Voy a pedirle a la enfermera que traiga algo de hora en hora.”
Pude ver que Owl rodó sus ojos al oír a Med decir eso, pero luego fue dominada por su serenidad.
Med agarró una jeringuilla y tomó mi brazo izquierdo.
“Ahora voy a recoger algunas muestras de sangre para hacer unos exámenes.”
 “¿Cuáles exámenes?” pregunté.
Med intentó disimular, pero me di cuenta de que ella no quería responder.
“No necesitas estar con miedo, es solo un pinchazo…”  Yo mantuve el brazo doblado, y ella continúo, “Son apenas algunos exámenes de rutina, glucosa, hemograma, tiroides…”
Med estaba sonriendo cuando finalmente extendí el brazo.
“Ya avisaron a Ricardo. Esta en una reunión con los noruegos; al terminar sube por aquí” Nite Owl nos avisó serena como siempre.